Cabello Débil y sin Brillo: Qué Comer para Recuperar su Fuerza
¿Notas que tu pelo está más débil, que se cae más de lo normal o ha perdido su brillo natural? No siempre se trata de un problema cosmético: en muchos casos, la salud capilar muestra lo que ocurre dentro de tu cuerpo. Una alimentación deficiente puede afectar de manera directa la estructura, crecimiento y resistencia de tu pelo. En este blog te explicamos qué nutrientes participan en tu salud capilar, cómo detectarlos a tiempo y cómo tu dieta puede ayudarte a fortalecer tu pelo desde adentro.
El pelo como refleja lo que comes
El pelo no es la prioridad de tu cuerpo: cuando el cuerpo necesita priorizar nutrientes, como cuando comes muy poco o te enfermas, redirige nutrientes hacia órganos vitales, dejando el pelo como algo secundario (1). Por eso, problemas como fragilidad, pérdida de brillo o caída pueden ser un signo temprano de que no te estas alimentando correctamente.
En la caída del pelo relacionada con la alimentación uno de los tipos más comunes es el efluvio telógeno, básicamente los folículos pilosos entran en una fase de reposo por falta de nutrientes esenciales como hierro, zinc o proteínas (2). Esto genera que el cabello crezca con menos fuerza o deje de crecer.
Déficits comunes que afectan la salud capilar y tu pelo
Algunos déficits nutricionales se ven asociados a la caída del cabello y a su deterioro son:
- Hierro: Un nivel bajo de ferritina (reserva de hierro) es una de las causas más frecuentes de caída del pelo, especialmente en mujeres jovenes (3).
- Zinc: Participa en la división celular y síntesis de queratina. Su deficiencia puede generar pelo quebradizo y alteraciones en el cuero cabelludo (4).
- Biotina (vitamina B7): Aunque no suele estar deficiente en personas sanas, su suplementación ha mostrado mejoras en casos de deficiencia confirmada, que puede causar adelgazamiento capilar y erupciones cutáneas (5).
- Vitamina D: Su déficit se ha asociado a formas de alopecia autoinmune como la alopecia areata, aunque la evidencia es nueva (6).
- Proteínas: Son el componente principal del cabello. Una dieta crónicamente baja en proteínas puede provocar debilidad capilar y caída (7).
¿Qué alimentos deberías priorizar?
No se necesitan suplementos caros ni fórmulas mágicas. Una alimentación equilibrada, rica en alimentos reales, basada en tus requerimientos y genética puede cubrir tus requerimientos y fortalecer tu cabello:
- Legumbres y carnes magras (fuente de hierro y proteínas)
- Semillas de zapallo y frutos secos (ricos en zinc)
- Huevos y avena (fuentes de biotina)
- Pescados grasos como salmón y atún (ricos en vitamina D y Acidos grasos omega-3)
- Lácteos y vegetales de hoja verde (aportes adicionales de calcio y micronutrientes)
La clave está en la variedad. Cuanto más colorido y diverso sea tu plato, mayor será el espectro de nutrientes que aportas a tu organismo y a tu salud capilar.
La importancia del diagnóstico nutricional
Es importante entender que la caída del pelo puede tener múltiples causas, incluyendo factores hormonales, genéticos, estrés crónico, uso de fármacos o enfermedades autoinmunes (7). Por eso, antes de recurrir a suplementos o tratamientos sin indicación, es ideal realizar un chequeo completo que incluya:
- Exámenes de sangre como hemograma y perfil férrico y vitamina D
- Evaluación de tu alimentación
- Revisión del historial médico y familiar
Esto permite identificar deficiencias específicas y tratarlas con mayor eficacia, evitando suplementación innecesaria o costosa.
Mynu y tu salud capilar
En Mynu sabemos que cada cuerpo tiene necesidades únicas. Gracias a nuestros análisis genéticos, podemos detectar si tienes predisposición a Bajos niveles de vitaminas como D, B12 o folato, o si tu metabolismo requiere mayor atención a ciertos micronutrientes relacionados con la salud del cabello. Nuestro enfoque personalizado, que combina tu genética con tus hábitos y objetivos, puede ayudarte a diseñar un plan nutricional eficaz para fortalecer tu salud capilar desde dentro hacia afuera.
Conclusión
El estado de tu pelo puede ser un reflejo silencioso de lo que sucede en tu interior. Más allá de lo estético, cuidar tu alimentación es clave para prevenir la caída, mejorar la textura y recuperar el brillo natural de tu pelo. Con una dieta equilibrada y el apoyo de un diagnóstico adecuado, puedes hacer mucho por tu salud capilar. Y si quieres ir un paso más allá, en Mynu te ayudamos a descubrir qué necesita tu cuerpo con precisión.
Bibliografía
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Alimentación para una Boca Sana: Tu Dieta, tus Dientes y Encías
Cuando pensamos en alimentación saludable, solemos enfocarnos en el peso corporal, el colesterol o el sistema digestivo. Pero una parte fundamental y muchas veces olvidada es la salud oral. Lo que comemos no solo influye en nuestros dientes y encías por contacto directo, sino también a través de la microbiota bucal, el pH de la saliva y el metabolismo de los tejidos de la boca. En este blog te explicamos cómo la dieta influye en tu salud bucal y qué alimentos pueden ayudarte a mantener una boca sana, sin depender únicamente del cepillo y la pasta dental.
Boca, saliva y bacterias: un ecosistema activo
La boca alberga más de 700 especies bacterianas distintas. Algunas son protectoras, otras son patógenas (es decir, pueden causar enfermedad). La alimentación, especialmente la frecuencia y tipo de carbohidratos simples que consumimos, tiene un impacto directo sobre el equilibrio entre estas bacterias y el riesgo de enfermedades como caries, gingivitis o periodontitis (1).
Además, el pH de la saliva juega un rol clave. Cuando ingerimos azúcares fermentables, el pH disminuye (se vuelve más ácido), y eso favorece la desmineralización del esmalte dental. La capacidad de la saliva para “amortiguar” esos cambios (lo que se llama capacidad buffer) se ve muy influida por lo que comemos y con qué frecuencia lo hacemos (2).
¿Qué enfermedades bucales se relacionan con la dieta?
Algunas de las patologías orales más comunes tienen una relación directa con el estilo de alimentación:
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Caries dental: causada por ácidos producidos por bacterias que fermentan azúcares simples
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Gingivitis: inflamación de las encías por acumulación de placa bacteriana
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Periodontitis: forma más severa que afecta hueso y puede llevar a pérdida dental
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Erosión dental: desgaste del esmalte por consumo de ácidos frecuentes, como bebidas carbonatadas, jugos ácidos o vinagres en exceso (3)
Además, déficits nutricionales pueden afectar a tus tejidos orales. Por ejemplo, bajos niveles de vitamina C aumentan el riesgo de sangrado gingival, y la deficiencia de vitamina D puede afectar la salud ósea que sostiene los dientes (4).
¿Qué alimentos promueven una buena salud para tu boca?
Una dieta enfocada en mantener la boca sana no se basa solo en evitar el azúcar. También incluye alimentos que estimulan la saliva, fortalecen los dientes y regulan la microbiota oral. Estos son algunos ejemplos:
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Lácteos sin azúcar añadida (queso, yogur natural): ricos en calcio y caseína, ayudan a remineralizar el esmalte
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Frutas y verduras crujientes (manzana, zanahoria, apio): estimulan la producción de saliva y actúan como “limpiadores naturales”
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Nueces y semillas: fuente de grasas saludables, minerales y antioxidantes
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Té verde o negro sin azúcar: contiene polifenoles que reducen el crecimiento bacteriano
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Alimentos ricos en vitamina C (cítricos, kiwi, pimiento): fortalecen las encías y previenen inflamación
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Pescados grasos (como salmón o sardina): aportan vitamina D y omega-3, beneficiosos para encías y tejido óseo (5)
¿Qué deberías limitar?
Hay ciertos alimentos y hábitos que, en exceso o mal manejados, pueden contribuir a la aparición de caries o enfermedades de las encías:
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Bebidas azucaradas y jugos industriales: promueven la desmineralización
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Alimentos pegajosos y de lenta disolución: como caramelos, gomitas o frutas confitadas
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Consumo frecuente de snacks entre comidas: mantiene el pH bajo durante más tiempo
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Bebidas energéticas o deportivas: tienen alta acidez y azúcar
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Uso excesivo de vinagre o limón como aderezo: puede erosionar el esmalte si no se utilizan con otros alimentos
El impacto de la frecuencia y la combinación
No solo importa qué comemos, sino también cuándo y cómo. Comer cinco veces al día alimentos altos en azúcar tendrá impacto más negativo que consumir lo mismo en un solo episodio, hablando de salud oral, porque cada episodio aumenta el tiempo en que el esmalte está bajo ataque ácido (6).
Además, combinar alimentos protectores en la misma comida — como comer queso al final de una comida ácida — puede ayudar a neutralizar el pH y proteger los dientes.
Mynu: nutrición personalizada también para tu salud oral
En Mynu nos preocupamos por cada aspecto de tu salud, incluyendo lo que muchas veces se deja de lado: tu boca. Sabemos que una buena alimentación no solo es clave para tu digestión o tu peso, sino también para mantener dientes y encías sanos. Por eso, nuestros planes nutricionales pueden adaptarse a tus genética, hábitos, objetivos, intolerancias o sensibilidad a ciertos alimentos, considerando desde la cantidad de azúcar que consumes hasta tus hábitos de hidratación. Con Mynu, comer bien también es cuidar tu sonrisa.
Conclusión
Tu boca no es un sistema que está solo. Lo que eliges comer día a día afecta directamente tu salud dental y periodontal. No se trata de eliminar todo lo que te gusta, sino de entender cómo combinar y equilibrar tu dieta para proteger tu boca desde adentro. Porque una alimentación saludable también se refleja en tu sonrisa.
Bibliografía
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Marsh, P. D. (2010). Microbial ecology of dental plaque and its significance in health and disease. Advances in Dental Research, 8(2), 263–271. https://doi.org/10.1177/08959374940080022001
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Cómo Comer Después de Tomar Antibióticos
Los antibióticos han sido uno de los mayores avances en la historia de la medicina. Salvan vidas al eliminar bacterias perjudiciales, pero también pueden tener efectos secundarios importantes, especialmente en la microbiota intestinal. Muchas personas experimentan hinchazón, cambios en su tránsito intestinal o malestar digestivo luego de un tratamiento con antibióticos. Sin embargo, la dieta puede jugar un importante papel en la recuperación de ese equilibrio intestinal, eso sin recurrir a suplementos. En este blog te explicamos qué es lo que pasa con tu microbiota cuando tomas antibióticos y qué alimentos puedes priorizar para recuperarte de manera segura y eficaz.
¿Qué hacen los antibióticos en tu microbiota?
Cuando tomas antibióticos, no solo eliminas las bacterias responsables de la infección, sino también una parte importante de las bacterias que son beneficiosas y que viven en tu intestino (1). Esto puede reducir la diversidad de tu microbiota y generar que microorganismos menos favorables, como Clostridium difficile, crezcan de forma descontrolada, aumentando el riesgo de infecciones o disbiosis (desequilibrio microbiano) (2).
Este problema puede durar semanas o incluso meses, dependiendo del tipo de antibiótico, la duración del tratamiento y la alimentación de base. Por eso, lo que comes después de terminar el tratamiento es fundamental para favorecer la recuperación de un ecosistema intestinal saludable.
¿Es necesario tomar suplementos probióticos?
Si bien existen cepas específicas de probióticos con respaldo científico para ciertos casos clínicos (como prevención de diarrea por antibióticos), la mayoría de los suplementos comerciales no tienen efectos obligatorios en personas sanas y no siempre tienen cepas vivas o efectivas (3).
Por otro lado, una estrategia basada en alimentos reales puede ayudar tanto en la repoblación de bacterias beneficiosas como la regeneración del intestino. Además, tiene la ventaja de aportar fibra, micronutrientes y compuestos antiinflamatorios sin riesgo de sobrepoblación de una sola especie (como pasa con algunos suplementos mal indicados).
¿Qué alimentos ayudan a recuperar tu microbiota?
A continuación, te compartimos alimentos con evidencia para favorecer la recuperación de tu microbiota tras el uso de antibióticos:
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Alimentos fermentados naturales: Como yogur con cultivos vivos, kéfir, chucrut, kimchi o kombucha sin pasteurizar. Estos alimentos contienen bacterias vivas conocidas como probióticos y pueden ayudar a restaurar la diversidad microbiana intestinal, siempre teniendo en cuenta que hay que consumirlos en su justa medida (4).
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Prebióticos naturales: Son fibras que alimentan a las bacterias buenas. Están presentes en alimentos como plátano, cebolla, ajo, espárragos, puerros, alcachofas y avena (5).
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Legumbres y cereales integrales: Aportan fibra fermentable que mejora la función intestinal y promueve el crecimiento de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium y Lactobacillus.
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Frutas y verduras variadas: Una dieta rica en plantas favorece una microbiota diversa y antiinflamatoria. La variedad es clave.
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Caldo de huesos o alimentos ricos en gelatina natural: Ayudan a reparar la barrera intestinal al aportar colágeno y glutamina, componentes clave en la integridad de la mucosa (6).
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Grasas saludables: Como aceite de oliva extra virgen, palta o semillas, que modulan la inflamación y promueven una microbiota equilibrada (7).

¿Qué deberías evitar?
Mientras te recuperas, hay algunos alimentos que pueden empeorar el restablecimiento del equilibrio intestinal. Idealmente, deberías:
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Evitar el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, ya que su bajo contenido de fibra y alto contenido de aditivos pueden dañar la microbiota (8).
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Limitar edulcorantes artificiales como sucralosa o aspartamo, que se han relacionado con alteraciones microbianas intestinales.
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Reducir el alcohol, especialmente en grandes cantidades, por su efecto negativo sobre la permeabilidad intestinal.
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No tomar suplementos probióticos genéricos sin indicación profesional.
¿Cuánto se demora en recuperarse la microbiota?
La recuperación puede tardar de 2 a 8 semanas, aunque en algunas personas la microbiota puede seguir alterada durante meses si no se acompaña con una dieta adecuada (9). Por eso, mantener una alimentación rica en vegetales, legumbres y alimentos fermentados durante ese periodo puede marcar la diferencia.
También es importante considerar que cada persona tiene una microbiota única, por lo que la respuesta a los mismos alimentos puede variar. Escuchar tu cuerpo y observar cómo te sientes es una herramienta tan útil como cualquier análisis.
Mynu y tu microbiota post-antibióticos
En Mynu entendemos que la salud digestiva es necesaria para todo lo demás: desde tu energía diaria hasta tu sistema inmune. Gracias a nuestros planes personalizados y a la tecnología de Numy, podemos ayudarte a diseñar una alimentación que ayude con tu recuperación intestinal después de tomar antibióticos. No tenemos soluciones genéricas ni suplementos innecesarios: necesitamos de tu genética, tus objetivos y tus hábitos para entregarte una guía real, segura y sostenible para tu salud digestiva.
Conclusión
Tomar antibióticos puede alterar de verdad tu microbiota, pero tu alimentación tiene el poder de ayudar a recuperarla. No necesitas suplementos caros ni protocolos extremos. Una dieta rica en vegetales, fibra y alimentos fermentados es suficiente para apoyar a tu cuerpo en su proceso de recuperación. Con la guía adecuada, es posible sanar desde el intestino y construir una salud más fuerte, sin complicaciones.
Bibliografía
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Dormir Bien La Importancia en tu Metabolismo y Alimentación
Dormir bien no solo importa para la concentración o nuestro estado de ánimo. También influye en cómo regulamos el apetito, metabolizamos los nutrientes y tomamos decisiones de qué comer. De hecho, la falta de sueño se ha asociado con un mayor riesgo de aumento de peso, diabetes tipo 2, resistencia a la insulina y desórdenes del apetito. Entender cómo el descansar de noche influye en nuestra salud metabólica es clave para mejorar nuestros hábitos desde lo más básico: dormir mejor.
¿Qué pasa en tu cuerpo cuando no logras dormir lo suficiente?
Dormir menos de lo necesario altera cómo funciona la parte hormonal, inmunológica y metabólica de nuestro cuerpo. Cuando una persona duerme mal, el cuerpo aumenta la producción de grelina (hormona que estimula el hambre) y disminuye la de leptina (hormona que estimula la saciedad), lo que genera más apetito y preferencia por alimentos energéticamente densos, especialmente dulces y grasas (1).
Además, la falta de sueño reduce la sensibilidad a la insulina, lo que significa que para el cuerpo es más difícil manejar los niveles de glucosa en sangre. Esto puede predisponer a desarrollar resistencia a la insulina, aumentando el riesgo de diabetes tipo 2 incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas (2).
Sueño, apetito y decisiones alimentarias
Un mal dormir también afecta la forma en que decidimos qué y cuánto comer. Las regiones cerebrales relacionadas con la recompensa (como el núcleo accumbens) se vuelven más reactivas con estímulos alimentarios cuando dormimos poco, mientras que las regiones que se encargan del autocontrol disminuyen su actividad (3). Esto explica por qué, después de una mala noche, es más probable que optemos por malos snacks, comida rápida y dulces.
Incluso, se ha visto que una sola noche de restricción de sueño puede aumentar el consumo energético en 300-500 calorías al día, especialmente provenientes de carbohidratos refinados y alimentos palatables (4).
Impacto metabólico a largo plazo
Tener un mal sueño de manera crónica está vinculado con una mayor incidencia de obesidad, síndrome metabólico, inflamación crónica de bajo grado, hipertensión y alteraciones en el metabolismo lipídico. Dormir poco no solo promueve una ingesta excesiva de energía, sino que también altera los ritmos circadianos que regulan la función de órganos como el páncreas, el hígado y el tejido adiposo (5).
Además, la falta de sueño altera la producción de cortisol, la hormona del estrés que, en niveles elevados y sostenidos, favorece el almacenamiento de grasa abdominal y el deterioro de la masa muscular (6).
¿Cuánto y cómo deberías dormir?
La mayoría de las guías internacionales recomiendan entre 7 y 9 horas de sueño por noche para adultos sanos. Dormir menos de 6 horas de forma crónica se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiometabólicas. Por otro lado dormir al menos 9 horas diarias y sentir cansancio o sueño, podría ser culpa de una condición de salud subyacente (7).
Además del número de horas, la calidad del sueño también importa. Un sueño muy cortado, superficial o interrumpido tiene efectos similares a dormir poco. Factores como el exceso de luz, el uso de pantallas antes de dormir, el estrés crónico y el consumo de cafeína o alcohol pueden empeorar significativamente la calidad de nuestro sueño (8).
Hábitos para mejorar el sueño y tu metabolismo
Estas acciones pueden ayudarte a dormir mejor, tratando de mejorar tu relación con la comida y tu salud metabólica:
- Establece horarios regulares de sueño
- Evita pantallas brillantes al menos 1 hora antes de acostarte
- Realiza ejercicio físico, pero no justo antes de dormir
- Reduce la cafeína desde la tarde y evita el alcohol en la noche
- Crea una rutina nocturna que te relaje: lectura, estiramientos, meditación
- Asegurate de tener un entorno oscuro, silencioso y fresco para dormir
Sueño y predisposición genética: ¿hay personas más vulnerables?
Ciertas variantes genéticas pueden aumentar la predisposición a los efectos negativos de dormir mal. Por ejemplo, personas con alteraciones en genes como CLOCK, relacionados con los ritmos circadianos, pueden presentar mayores problemas metabólicos ante la falta de sueño. Además, quienes tienen mayor predisposición a poder generar obesidad, como aquellos con variantes del gen FTO, podrían ser más sensibles al impacto metabólico de dormir mal, especialmente si se acompaña de malos hábitos alimentarios (9).
Mynu y el vínculo entre sueño, apetito y salud metabólica
En Mynu entendemos que dormir bien es tan importante como comer bien. Por eso, al analizar tu genética, descanso, tus hábitos diarios y tu patrón alimenticio, podemos ayudarte a identificar cómo el sueño está afectando tu hambre, tu saciedad y tu metabolismo. La inteligencia artificial de Numy, combinada con tus predisposiciones genéticas, te entrega herramientas personalizadas para equilibrar tu alimentación y tu descanso, sin intervenciones extremas ni restricciones innecesarias.
Conclusión
Dormir bien no es un lujo, es una necesidad fisiológica básica. Afecta cómo comemos, cómo regulamos nuestras hormonas y cómo funciona nuestro metabolismo. Si estás intentando mejorar tu alimentación o tu composición corporal, dormir de manera adecuada puede ser uno de los factores más poderosos y muchas veces olvidados para lograrlo. Tomarte en serio el descanso es una inversión directa en tu salud.
Bibliografía
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Nutrición y Sistema Inmune: ¿Puedo Comer y Enfermarme Menos?
Por muchos años hemos escuchado que una buena alimentación “fortalece el sistema inmune”. Pero ¿qué significa eso realmente? ¿Es verdad que se puede reducir el riesgo de enfermarse sólo a través de la dieta? La respuesta, basada en evidencia científica, es clara: la nutrición no es una protección absoluta contra virus o bacterias, pero sí puede modular de manera significativa la función del sistema inmune y determinar qué tan bien respondemos ante infecciones.
¿Cómo se relacionan la alimentación y el sistema inmune?
El sistema inmunológico o sistema inmune necesita de entrega constante de energía, proteínas, grasas, vitaminas y minerales para funcionar correctamente. La desnutrición, incluso en bajo grado, puede afectar la función de células inmunes, disminuyendo nuestas defensas (1).
Según la FAO y la OMS, el estado nutricional óptimo favorece la inmunidad innata como la adaptativa, mientras que una alimentación pobre en nutrientes esenciales se asocia con mayor incidencia y gravedad de infecciones (2).
Nutrientes esenciales para una buena respuesta inmune
Existen nutrientes que, son respaldados por revisiones sistemáticas y consensos de sociedades científicas, donde se ha visto que son nutrientes fundamentales para ayudar en el soporte inmunológico:
- Vitamina C: Contribuye con la función de barrera inmunológica y tiene gran capacidad antioxidante. Su deficiencia está asociada a mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias (3).
- Vitamina D: Modula la inmunidad innata y adaptativa. En distintos estudios se ha visto que mantener niveles adecuados se asocia con menor riesgo de infecciones respiratorias agudas (4).
- Zinc: Participa en la formación de anticuerpos y en la función de células T. La deficiencia de zinc está entre las más comunes a nivel mundial y se vincula con mayor tasa de infecciones, sobre todo en niños y adultos mayores (5).
- Hierro y Selenio: Ambos son necesarios para la función del sístema inmune. El selenio, además, tiene propiedades antioxidantes que ayudan a controlar el estrés oxidativo durante procesos de infección (6).
- Ácidos grasos omega-3: Se ha visto que EPA y DHA modulan la respuesta inflamatoria, ayudando a evitar reacciones inmunes descontroladas (7).
¿Comer más de estos nutrientes me protege más?
No necesariamente. Tanto la FAO como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), y otras asociaciones internacionales, coinciden en que el exceso de vitaminas y minerales no ofrece beneficios adicionales, sino todo lo contrario, puede ser muy perjudicial. Lo importante es evitar deficiencias, no exagerar ni hacernos daño por querer fortalecer el sistema inmune sin indicación (8).
La mejor forma de lograrlo es tener una alimentación variada, equilibrada y basada en alimentos reales. Solo en situaciones de riesgo o deficiencias confirmadas se podría evaluar la suplementación, indicada por un profesional.
Alimentos que contribuyen a una mejor inmunidad
No hay alimentos mágicos, pero sí grupos que cuando los comemos habitualmente en la dieta, no pueden ayudar a tener un mejor estado inmunológico:
- Frutas cítricas y berries: por su contenido de vitamina C, polifenoles y compuestos antioxidantes.
- Verduras de hoja verde, zapallo y zanahorias: ricas en provitamina A y minerales.
- Legumbres: fuentes de zinc, hierro y proteínas.
- Pescados grasos (como salmón, atún o jurel): ricos en omega-3 y vitamina D.
- Huevos y lácteos fermentados: buena fuente de proteínas, vitamina D y probióticos naturales.
- Alimentos integrales y fermentados: por su rol en ayudar con un mejor desarrollo de la microbiota intestinal.
¿La microbiota también influye?
Sí. El 70-80% del tejido inmunológico se ve asociado con el intestino. Una microbiota intestinal diversa y equilibrada mejora la función de barrera del intestino, ayuda a regular la inflamación crónica y promueve una respuesta inmune más eficiente. Dietas pobres en fibra y altas en ultraprocesados alteran de manera negativa esta microbiota, debilitando indirectamente el sistema inmune (9).
Grupos de riesgo donde la alimentación importa aún más
Los que tienen que prestar más atención a su alimentación son las personas inmunosuprimidas, adultos mayores, pacientes con enfermedades crónicas y niños pequeños. En estos grupos, los déficits leves de micronutrientes pueden transformarse en infecciones que sean más frecuentes o prolongadas. Las guías clínicas recomiendan evaluar de forma seguida su estado nutricional, especialmente cuando hay periodos de alta circulación viral, como en invierno (10).
Mynu y tu sistema inmune
En Mynu entendemos que cada cuerpo responde de forma distinta al entorno y a los desafíos inmunológicos. Por eso, te ayudamos a construir un plan alimenticio equilibrado y realista que considere tu contexto de vida, tus necesidades nutricionales, tu genética y tus antecedentes. Gracias a la tecnología de Numy y la asesoría profesional personalizada, podemos ayudarte a identificar qué ajustes necesitas para mantener tu sistema inmune bien nutrido y preparado, sin exageraciones ni mitos.
Conclusión
La alimentación no “cura” ni “evita” enfermedades por sí sola, pero sí puede reducir lo vulnerable que puede ser el organismo frente a infecciones y mejorar la calidad de la respuesta inmune. A través de una dieta variada, rica en alimentos reales y adecuada a tus necesidades, puedes tener una base sólida para cuidar tu salud a largo plazo. Y con herramientas como Mynu, hacerlo es más fácil, preciso y sostenible en el tiempo.
Bibliografía:
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¿Qué Comer Cuando Tienes Estrés? Cómo comer para Calmarse
El estrés es una respuesta natural del cuerpo que se genera por una demanda o amenaza que tu cuerpo recibe. En su forma aguda, puede ser útil: mejora el enfoque, aumenta la energía y prepara al cuerpo para reaccionar. Pero cuando el estrés se vuelve constante como el que sentimos en períodos de trabajo intenso, exámenes o problemas personales sus efectos dejan de ser para adaptarse y pueden generar algún impacto directamente en nuestra alimentación y salud digestiva.

Muchas personas notan que bajo estrés cambian sus formas de alimentación: comen más rápido, eligen alimentos ultraprocesados o simplemente olvidan comer. En este blog veremos cómo el estrés afecta al cuerpo desde una perspectiva nutricional y qué estrategias puedes aplicar para mantener una alimentación saludable sin caer en excesos ni restricciones.
¿Cómo afecta el estrés al apetito y al metabolismo?
Cuando el cuerpo está bajo estrés, libera una cascada de hormonas, principalmente cortisol y adrenalina. El cortisol puede aumentar el apetito y la preferencia por alimentos altos en grasas y azúcares, ya que el cuerpo busca energía rápida para “responder” al peligro, aunque este sea un examen o una reunión con nuestro jefe (1).
Además, el estrés puede empeorar la señalización hormonal de la leptina (la hormona de saciedad) y de grelina (la hormona del hambre), promoviendo un apetito menos controlado donde sentimos hambre cuando no necesitamos comer realmente (2).
Sumado a eso, el estrés crónico puede alterar la microbiota intestinal y ralentizar la digestión, generando síntomas como hinchazón, pesadez o incluso diarrea, todo esto complica aún más la relación con la comida (3).
Comer bajo estrés: lo que suele pasar
Algunas respuestas típicas que las personas experimentan ante el estrés son:
- Comer sin hambre, por ansiedad o cansancio mental.
- Saltarse comidas por falta de tiempo o apetito.
- Buscar alimentos reconfortantes, usualmente altos en grasa y azúcar.
- Sentir molestias digestivas tras las comidas.
- Sentirse culpable por haber comido mal o en exceso.
Si estos comportamientos, se repiten de forma constante, pueden generar aumentos de peso involuntarios, déficit de nutrientes o trastornos digestivos funcionales (4).
¿Qué comer cuando estás estresado?
A continuación, compartimos estrategias respaldadas por evidencia científica para mantener una alimentación equilibrada, incluso en momentos con mucho estrés:
- Prioriza comidas ricas en triptófano y magnesio: como huevos, plátano, avena, legumbres y semillas. Ayudan a regular el sistema nervioso y aumentar la síntesis de serotonina, una hormona relacionada con el estado de ánimo (5).
- Incluye grasas saludables: como palta, nueces, aceite de oliva o pescados grasos. Tienen un rol antiinflamatorio y estabilizan el metabolismo (6).
- Prefiere carbohidratos complejos: como arroz integral, pan 100% integral o quinoa, que regulan la glucosa, evitan altas y bajas de energía, como también el hambre reactiva (7).
- Hidrátate bien: incluso la deshidratación leve puede aumentar la sensación de fatiga y hambre. Agua, infusiones o agua con frutas son opciones ideales.
- No comas con una pantalla: si estás viendo el computador o el celular, es más probable que comas de más. Intenta hacer una pausa real, aunque sea breve.
- Come algo pequeño si no tienes hambre: un yogur natural con frutas, una sopa, o frutos secos pueden ayudarte sin forzarte a comer grandes porciones.
¿Y si no puedo comer “perfecto”?
Está bien. Comer bajo estrés no se trata de seguir una dieta estricta, sino de aplicar pequeñas decisiones que, sostenidas en el tiempo, marquen la diferencia. Incluso si no puedes hacer todas tus comidas como te gustaría, elegir alimentos reales, sin sellos o pocos sellos, sin listas largas de ingredientes, siempre será mejor que recurrir a comida ultraprocesada (8). La clave está en reconocer el estrés, permitirte adaptarte, y volver a una alimentación equilibrada sin culpa ni rigidez.
Diferenciando estrés de ansiedad alimentaria
A diferencia de la ansiedad, que puede involucrar atracones o conductas impulsivas más graves y desreguladas, el estrés puede generar cambios en el ritmo y calidad de las comidas, pero con menos intensidad. Si bien ambos se pueden dar al mismo tiempo, el enfoque nutricional en el estrés busca acomodar la alimentación sin generar que la carga emocional crezca, más que controlarla de forma estricta.
Mynu: apoyo real cuando tu alimentación se ve afectada
En Mynu sabemos que comer bien en momentos de presión no es fácil. Por eso, nuestro sistema combina análisis genético, nutricional, tecnología adaptativa y seguimiento profesional para ayudarte a construir un plan que se adapte a ti, no al revés. Si estás pasando por una etapa de mucho estrés, podemos ayudarte a identificar tus patrones de alimentación, proponer ajustes realistas y acompañarte con opciones concretas que mejoren tu bienestar sin generar más ansiedad.
Conclusión
El estrés es parte inevitable de la vida. Pero cómo lo enfrentamos y cómo nos alimentamos durante esos momentos es lo que puede marcar una gran diferencia en nuestra salud física y emocional. Incorporar estrategias nutricionales simples, basadas en evidencia, te permitirá mantener el equilibrio y evitar los extremos. Y si necesitas apoyo, en Mynu estamos para ayudarte.
Bibliografía:
- Epel, E., Lapidus, R., McEwen, B., & Brownell, K. (2001). Stress may add bite to appetite in women: A laboratory study of stress-induced cortisol and eating behavior. Psychoneuroendocrinology, 26(1), 37–49. https://doi.org/10.1016/S0306-4530(00)00035-4
- Adam, T. C., & Epel, E. S. (2007). Stress, eating and the reward system. Physiology & Behavior, 91(4), 449–458. https://doi.org/10.1016/j.physbeh.2007.04.011
- Moloney, R. D., Johnson, A. C., O’Mahony, S. M., Dinan, T. G., Greenwood-Van Meerveld, B., & Cryan, J. F. (2016). Stress and the microbiota–gut–brain axis in visceral pain: Relevance to irritable bowel syndrome. CNS Neuroscience & Therapeutics, 22(2), 102–117. https://doi.org/10.1111/cns.12490
- Torres, S. J., & Nowson, C. A. (2007). Relationship between stress, eating behavior, and obesity. Nutrition, 23(11-12), 887–894. https://doi.org/10.1016/j.nut.2007.08.008
- Kirkland, A. E., Sarlo, G. L., & Holton, K. F. (2018). The Role of Magnesium in Neurological Disorders. Nutrients, 10(6), 730. https://doi.org/10.3390/nu10060730
- Calder, P. C. (2015). Functional roles of fatty acids and their effects on human health. JPEN Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 39(1_suppl), 18S–32S. https://doi.org/10.1177/0148607115595980
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- Loth, K. A., MacLehose, R. F., Fulkerson, J. A., Crow, S., & Neumark-Sztainer, D. (2013). Food-Related Parenting Practices and Adolescent Weight Status: A Population-Based Study. PEDIATRICS, 131(5), e1443-e1450. https://doi.org/10.1542/peds.2012-3073
Recuperación y Nutrición: Qué Comer Después de Enfermarte
La alimentación tiene un rol fundamental en la recuperación física y de tu metabolismo tras una enfermedad o cirugía. En estos contextos, el cuerpo necesita más energía y nutrientes, para reparar tejidos y disminuir la inflamación, restaurando el funcionamiento normal del cuerpo. Sin una nutrición adecuada, la recuperación puede verse comprometida, aumentando las complicaciones y generando pérdida de musculatura.
¿Por qué cambia la necesidad nutricional durante la recuperación?
Según las guías clínicas de la European Society for Clinical Nutrition and Metabolism (ESPEN) y la American Society for Parenteral and Enteral Nutrition (ASPEN), el cuerpo entra en un estado hipercatabólico frente al estrés fisiológico cuando estamos enfrentando una recuperación, o sea, empieza a gastar más energía por algún problema de salud. Este estado se produce ya que el cuerpo altera la forma en la que procesa los carbohidratos y grasas, además de requerir más energía para reparar tejidos y evitar la pérdida de proteínas en los músculos. (1). Esto se puede ver, por ejemplo, después de una cirugía mayor, una infección, una hospitalización larga o cuando hay fiebre y deshidratación.
Además, durante la fase más aguda de la recuperación puede haber inapetencia, náuseas o síntomas digestivos que dificultan alcanzar una buena alimentación, generando riesgo de desnutrición si no se aborda precozmente (2).
Nutrientes clave para la reparación y recuperación
Existen ciertos nutrientes con una fuerte evidencia y que han sido identificados como fundamentales en la recuperación post-enfermedad o post-operatoria:
- Proteínas: Son esenciales para la síntesis de colágeno, la cicatrización de tejidos y la preservación de masa muscular. Las guías ESPEN recomiendan entre 1.2 y 2.0 g/kg/día de proteína para adultos en recuperación, dependiendo de la severidad del caso (3).
- Energía suficiente: Sin un adecuado aporte calórico, el cuerpo utiliza proteínas como fuente energética, haciendo que la regeneración se dificulte. Las recomendaciones varían entre 25-35 kcal/kg/día en la mayoría de los pacientes clínicos (4).
- Omega-3 (EPA y DHA): En algunos casos, especialmente en cirugías digestivas o pacientes con respuesta inflamatoria exagerada, los omega-3 pueden modular la inflamación y mejorar parámetros inmunológicos (5).
- Zinc y vitamina C: Son vitaminas y minerales que ayudan en el proceso de cicatrización y sístema innmune. Si bien no se recomienda su suplementación universal, es fundamental asegurar su aporte a través de los alimentos basado en las necesidades de cada persona (6).
- Vitamina D: Tiene que ver con el sístema inmune y la fuerza muscular, debe mantenerse dentro de rangos normales, especialmente en pacientes hospitalizados o con movilidad reducida (7).
¿Qué alimentos priorizar durante la recuperación?
Una dieta con todos los nutrientes y de fácil digestión es clave en esta etapa. Estas son recomendaciones generales respaldadas por guías clínicas para pacientes ambulatorios en recuperación:
-
Fuentes de proteína de alta calidad: huevos, pescado, pollo, pavo, legumbres cocidas con cereales, lácteos fermentados como yogur o kéfir si no hay inmunosupresión.
-
Verduras cocidas o al vapor: aportan fibra soluble, antioxidantes y micronutrientes sin irritar el tracto digestivo.
-
Frutas suaves o cocidas: como plátano, manzana, pera, durazno.
-
Grasas saludables: aceite de oliva extra virgen, palta, nueces molidas o mantequillas naturales de frutos secos.
-
Hidratación constante: agua, infusiones suaves, caldos naturales bajos en sodio.
Cuidados prácticos al reintroducir la alimentación
Durante los primeros días post-enfermedad o tras el alta hospitalaria, es importante:
- Comer porciones pequeñas, frecuentes y bien toleradas.
- Evitar alimentos ultraprocesados, altos en grasa o con mucha fibra.
- Progresar desde preparaciones más blandas o livianas hacia una alimentación completa.
- Consultar con un nutricionista si se sospechan síntomas digestivos persistentes, pérdida de peso involuntaria o bajo apetito por más de 5 días.
¿Es necesario un suplemento nutricional?
Las guías clínicas recomiendan evaluar el uso de suplementos orales (como módulos proteicos, suplementos hipercalóricos o mixtos) solo si el paciente no logra cubrir sus recesidades con la alimentación habitual. El uso de suplementos debe estar supervisado por un profesional de salud capacitado, nunca automedicado (8).
Conclusión
La nutrición durante la recuperación no es un detalle menor: es un factor terapéutico clave. Asegurar un buen aporte de energía, proteínas, vitaminas y minerales específicos puede marcar la diferencia entre una recuperación prolongada y una exitosa. Con estrategias prácticas, acompañamiento profesional, es posible apoyar al cuerpo de forma segura y eficaz en el proceso de sanar.
Bibliografía:
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- Weimann, A., Braga, M., Carli, F., Higashiguchi, T., Hübner, M., Klek, S., Laviano, A., Ljungqvist, O., Lobo, D. N., Martindale, R. G., Waitzberg, D., Bischoff, S. C., & Singer, P. (2021). ESPEN practical guideline: Clinical nutrition in surgery. Clinical Nutrition, 40(7), 4745-4761. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2021.03.031
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Intolerancia a la Lactosa: Qué Comer y Qué Evitar
Cada vez más personas se sienten mal después de tomar leche o productos lácteos, y no es solamente una moda. La intolerancia a la lactosa es una condición real, con base genética y fisiológica, que puede afectar tanto la digestión como la calidad de vida. Entender por qué ocurre, cómo identificarla y qué cambios hacer en la alimentación es básico para quienes buscan un alivio sin dejar de lado su nutrición. En este blog, te explicamos todo lo que necesitas saber para manejarla de forma práctica y saludable.
La intolerancia a la lactosa es una condición digestiva muy común que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se genera cuando el cuerpo no puede digerir bien la lactosa, un tipo de azúcar que se encuentra principalmente en la leche y sus derivados. Este problema puede provocar síntomas como hinchazón, gases, diarrea y malestar abdominal después de consumir productos lácteos (1).
Para algunas personas la intolerancia es leve y solo necesita pequeñas adaptaciones, para otras puede ser una molestia constante que interfiere con su calidad de vida. Por eso, es fundamental entender qué alimentos evitar, cuáles se pueden consumir y cómo adaptar la dieta de manera saludable sin sacrificar el bienestar nutricional.
¿Qué causa la intolerancia a la lactosa?
La intolerancia a la lactosa se genera cuando hay una deficiencia de lactasa, la enzima que se encarga de descomponer la lactosa en el intestino delgado. Esta deficiencia puede ser primaria (hereditaria), secundaria (por daño intestinal) o congénita (presente desde el nacimiento). En la mayoría de los casos, se trata de una condición adquirida que aparece con la edad, a medida que va disminuyendo la producción de lactasa (2).
Una mirada desde la genética
Desde un Enfoque genético, se ha identificado una variante en el gen MCM6, ubicada cerca del gen LCT, que regula su expresión. La presencia de ciertas variantes (como tener el alelo C) está asociada con una menor actividad de la lactasa en la adultez, lo que favorece la aparición de la intolerancia a la lactosa en adultos. Este descubrimiento, ha sido clave para entender por qué algunas personas pueden consumir leche toda la vida sin problemas, mientras que otras no toleran ni un poco (3).
Síntomas más comunes en la Intolerancia a la lactosa
Cuando una persona intolerante consume lactosa, esta pasa sin digerir al colon, donde es fermentada por bacterias, generando síntomas molestos:
-
Gases excesivos
-
Diarrea o heces pastosas
-
Náuseas o calambres intestinales
-
En casos más severos, vómitos o dolor abdominal intenso
La intensidad de los síntomas puede variar dependiendo de la cantidad de lactosa ingerida y del grado de intolerancia (4).
¿Qué alimentos evitar?
Para quienes tienen intolerancia a la lactosa, es importante identificar los productos que contienen este azúcar para evitar los síntomas. Los principales alimentos a limitar o eliminar incluyen:
-
Leche de vaca, cabra u oveja
-
Quesos frescos como ricotta, quesillo
-
Yogur tradicional (aunque algunas personas lo toleran)
-
Crema de leche
-
Helados elaborados con leche entera
-
Mantequilla (en casos severos)
Además, la lactosa se puede encontrar de forma oculta en productos procesados como embutidos, pan de molde, sopas instantáneas, cereales, salsas y algunos medicamentos (5).
Opciones que sí se pueden consumir personas con Intolerancia a la lactosa
Afortunadamente, vivir con intolerancia a la lactosa no significa que uno deba renunciar completamente a los lácteos y tampoco a una alimentación rica en nutrientes. Hoy existen muchas alternativas:
- Leche sin lactosa (que ya viene con la enzima lactasa añadida)
- Leche vegetal: de almendras, avena, arroz, coco o soya
- Yogures deslactosados o vegetales
- Quesos maduros: como el parmesano, cheddar, que contienen muy poca lactosa
- Mantequilla clarificada
- Suplementos de lactasa (enzima en pastillas que se toma antes de consumir lácteos)
Estas opciones permiten mantener una dieta equilibrada, incluyendo fuentes de calcio, vitamina D y proteínas (6).
Cuidado con las deficiencias nutricionales
Al eliminar los lácteos sin una buena y adecuada planificación, se puede comprometer la ingesta de nutrientes esenciales, especialmente el calcio. Es importante buscar las alternativas que permitan mantener una buena salud ósea y general. Algunas buenas fuentes de calcio libre de lactosa pero con menos calcio por lo general son:
-
Hortalizas de hoja verde (espinaca, kale)
-
Almendras y semillas de chía
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Tofu enriquecido
-
Bebidas vegetales fortificadas con calcio
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Sardinas y salmón enlatado (con espinas)
-
Suplementos de calcio si es necesario, indicados por un profesional (7)
¿Es necesario un diagnóstico formal?
Muchas personas se autodiagnostican su intolerancia y eliminan los lácteos sin confirmación. Lo ideal es realizar un test de hidrógeno espirado o una prueba genética si se sospecha de una intolerancia. Esto nos permite confirmar el diagnóstico y evitar restricciones alimentarias que sean innecesarias. Con el test genético Mynu, puedes descubrir si tienes intolerancia a la lactosa primaria, a través del gen MCM6.
También es importante diferenciar entre intolerancia a la lactosa no es lo mismo a la alergia a la proteína de la leche. Esta se observa principalmente en lactantes e implica una respuesta del sistema inmune, lo que puede tener consecuencias más graves (8).
Mynu y tu alimentación sin lactosa
En Mynu entendemos que cada cuerpo es distinto. Gracias a la inteligencia artificial de Numy y el análisis genético pudes conocer si tienes intolerancia a la lactosa primaria. Además, podemos ayudarte a diseñar un plan alimenticio que se adapte a tu nivel de tolerancia a la lactosa, tus preferencias y necesidades nutricionales. Evitar la lactosa no tiene por qué ser sinónimo de comer aburrido ni de poner en riesgo tu nutrición. Con el enfoque personalizado de Mynu, puedes mantener una dieta equilibrada, deliciosa y sin molestias digestivas.
Conclusión
La intolerancia a la lactosa es una condición muy común y manejable. Entender sus causas, saber cómo identificarla y adaptar tu alimentación te permitirá evitar molestias y mantener un estado nutricional óptimo. Con apoyo profesional y herramientas como Mynu, vivir sin lactosa puede ser más fácil, más rico y saludable de lo que crees.
Referencias
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¿Saltarse el Desayuno Engorda? Lo que Dice la Ciencia
Que el desayuno es la comida más importante del día ha sido una idea repetida por generaciones. Muchas guías nutricionales dicen que saltarse esta comida puede llevar a aumentar de peso, menor concentración y un peor rendimiento físico. Sin embargo, en los últimos años, varios estudios cuestionan que sean verdad estas afirmaciones, haciendo que nazca la pregunta: ¿Saltarse el desayuno realmente engorda? En este blog analizaremos lo que dice la ciencia, cómo influye el desayuno en el metabolismo, la saciedad y el control de peso, y si es tan fundamental como tanta gente afirma.
El Origen del Mito del Desayuno
La creencia de que el desayuno es fundamental se hizo popular por estudios observacionales en los años 60 y 70, estos estudios mostraban que las personas que desayunaban casi todos los días tendían a tener un índice de masa corporal (IMC) más bajo que las personas que se lo saltaban. Sin embargo, estos estudios no diferenciaban entre correlación y causalidad. Es decir, no quedaba claro si saltarse el desayuno generaba ese aumento de peso, o si las personas con ciertos estilos de vida (como una dieta desordenada, fumar o dormir poco) son los que tendían a omitir el desayuno (1).
Metabolismo y Ritmo Circadiano: ¿Afecta saltarse el desayuno?
Se dice que comer en las primeras horas del día podría mejorar la sensibilidad a la insulina, la tolerancia a la glucosa y el gasto energético, debido al alineamiento con el ritmo circadiano. No obstante, los efectos del desayuno sobre cada metabolismo no son universales. En algunos estudios, personas que se saltaron el desayuno no mostraron diferencias significativas en su tasa metabólica total comparadas con quienes sí lo tomaron (2). Pero si se ha visto que lo relevante no es desayunar o no, sino la distribución calórica total del día y la calidad de la dieta.
Saltarse el Desayuno y Control de peso
Un metaanálisis encontró que las personas que desayunaban tendían a consumir más calorías a lo largo del día que quienes no lo hacían, y que no había evidencia concluyente de que desayunar ayudara a perder peso. De hecho, en algunos casos, el desayuno aumentaba el consumo energético diario (3). Esto no quiere decir que saltarse el desayuno sea mejor, sino que los resultados y su magnitud puede variar dependiendo del contexto general de la alimentación.
Hambre y Saciedad a lo Largo del Día
Uno de los argumentos más frecuentes para desayunar es evitar hambre muy intensa en la tarde, lo cual podría llevar a comer en exceso. Algunos estudios muestran que incluir un desayuno con proteínas y fibra puede ayudar a controlar el apetito, pero si el desayuno es pobre en nutrientes (como cereales con azúcar o pan blanco con un acompañamiento dulce), su efecto sobre la saciedad puede ser muy bajo. Por esto, más que desayunar sí o no, lo importante es la calidad nutricional de lo que se come (4).
¿Qué Tipo de Desayuno Puede Ayudarte Más?
No todos los desayunos son iguales. Si eliges desayunar, algunas combinaciones pueden ayudarte más que otras a mantenerte satisfecho por más tiempo y mantener mejores niveles de glicemia, triglicéridos y colesterol entre otros en tu sangre:
- Avena con frutos secos y semillas
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Yogur natural con frutas y chía
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Huevos revueltos con palta y pan integral
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Smoothie con Proteína y espinaca
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Pan integral con mantequilla de maní y plátano
Estas opciones entregan fibra, grasas saludables y proteína, nutrientes clave para controlar el hambre durante el día.
Desayuno y Rendimiento Cognitivo
En niños y adolescentes, se ha observado que el desayuno puede mejorar el rendimiento cognitivo y la atención en clases. Pero en adultos, los efectos son menos claros. Una revisión sistemática concluyó que el desayuno podría beneficiar tareas cognitivas en personas desnutridas o con mala alimentación, pero no necesariamente en adultos sanos con una dieta equilibrada (5). En este sentido, lo que pasa y su impacto parece depender más del contexto nutricional general que del hábito de desayunar de por sí.
¿Y el Ayuno Intermitente?
La popularidad del ayuno intermitente ha cuestionado la necesidad de desayunar. Muchas personas que siguen protocolos como 16:8 simplemente sacan el desayuno y dicen tener beneficios en el Control de peso, apetito y energía. Estudios muestran que este patrón puede ser tan efectivo como una dieta convencional siempre que se mantenga un balance energético negativo (6). En este contexto, saltarse el desayuno no tiene efectos negativos si el resto de la dieta está bien estructurada.
Mynu y una Alimentación Personalizada
En Mynu entendemos que no existe una única forma correcta de comer. Algunas personas se sienten mejor desayunando temprano, mientras que otras prefieren esperar hasta las 12 o seguir un protocolo de ayuno. Nuestra inteligencia artificial, Numy, analiza tus hábitos, genética y objetivos para diseñar un plan alimenticio que se adapte a ti. Ya sea que desayunes o no, lo importante es que tu alimentación sea equilibrada, sostenible y realista para tu estilo de vida.
Conclusión
Saltarse el desayuno no engorda de por sí. Lo que de verdad influye en el peso y la salud es la calidad de la dieta total, el balance energético, la distribución de nutrientes y los hábitos generales. El desayuno puede ser una herramienta útil para algunas personas, pero no es imprescindible para todos. La mejor opción será siempre la que puedas mantener a largo plazo y que se ajuste de la mejor manera a tus necesidades individuales.
Referencias
- Betts, J. A., Richardson, J. D., Chowdhury, E. A., Holman, G. D., Tsintzas, K., & Thompson, D. (2014). The causal role of breakfast in energy balance and health: a randomized controlled trial in lean adults. American Journal Of Clinical Nutrition, 100(2), 539-547. https://doi.org/10.3945/ajcn.114.083402
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Kobayashi, F., Ogata, H., Omi, N., Nagasaka, S., Yamaguchi, S., Hibi, M., & Tokuyama, K. (2013). Effect of breakfast skipping on diurnal variation of energy metabolism and blood glucose. Obesity Research & Clinical Practice, 8(3), e249-e257. https://doi.org/10.1016/j.orcp.2013.01.001
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Sievert, K., Hussain, S. M., Page, M. J., Wang, Y., Hughes, H. J., Malek, M., & Cicuttini, F. M. (2019). Effect of breakfast on weight and energy intake: systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. BMJ, l42. https://doi.org/10.1136/bmj.l42
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Leidy, H. J., Ortinau, L. C., Douglas, S. M., & Hoertel, H. A. (2013). Beneficial effects of a higher-protein breakfast on the appetitive, hormonal, and neural signals controlling energy intake regulation in overweight/obese, “breakfast-skipping,” late-adolescent girls. American Journal Of Clinical Nutrition, 97(4), 677-688. https://doi.org/10.3945/ajcn.112.053116
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Hoyland, A., Dye, L., & Lawton, C. L. (2009). A systematic review of the effect of breakfast on the cognitive performance of children and adolescents. Nutrition Research Reviews, 22(2), 220-243. https://doi.org/10.1017/s0954422409990175
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Vasim, I., Majeed, C. N., & DeBoer, M. D. (2022). Intermittent Fasting and Metabolic Health. Nutrients, 14(3), 631. https://doi.org/10.3390/nu14030631
¿Las Dietas Detox Realmente Funcionan o Son un Mito?
Las dietas detox se vuelven populares en redes sociales, revistas de salud y blogs de bienestar. Prometen limpiar el cuerpo de "toxinas", mejorar la digestión, aumentar la energía y promover una pérdida de peso muy rápida. Muchas veces se promocionan con imágenes de jugos verdes o batidos multicolores que parecen la solución perfecta después de excesos. Pero ¿qué tan ciertas son estas promesas? ¿Realmente necesitamos desintoxicar nuestro cuerpo con estas dietas? En este blog, analizamos qué dice la ciencia sobre las dietas detox y si realmente cumplen lo que prometen.

¿Qué es una dieta detox?
Las dietas detox pueden ser bien distintas, pero la mayoría se basa en solo consumir o principalmente consumir jugos, caldos, infusiones o batidos por un periodo que va desde 1 a 7 días. Algunas prohíben totalmente el consumo de alimentos sólidos, otras permiten solo ciertos vegetales o frutas. Lo común en todas es este enfoque en “depurar” el cuerpo.
El cuerpo ya se desintoxica solo
Lo importante es entender que el cuerpo humano ya tiene mecanismos super eficaces para eliminar las toxinas: el hígado, los riñones, los pulmones, el sistema linfático y la piel tienen un trabajo constante para deshacerse de los residuos metabólicos y toxinas ambientales. Por lo tanto, esa idea de que necesitamos una dieta especial para hacer algo que ya está ocurriendo naturalmente puede que no tenga tanto sentido como con el que suena (1).
Lo que realmente sucede durante las dietas detox
Muchas personas mencionan sentirse “más ligeras” o con más energía durante una dieta detox, pero por lo general esto es más por una reducción importante de alimentos ultraprocesados, azúcares y sal. Además, la baja rápida de peso que puede observarse al comienzo suele ser más que nada por una pérdida de agua y masa muscular, no de grasa corporal (2).
Riesgos y carencias nutricionales
Estas dietas restrictivas pueden llevar a deficiencias nutricionales si se siguen por varios días. Muchas no aportan suficiente proteína, grasas saludables, hierro, vitamina B12 y otros nutrientes esenciales para el funcionamiento adecuado del organismo, esto puede llevar a un debilitamiento del sistema inmune y que se pueda generar fatiga, mareos o irritabilidad (3).
¿Qué dice la ciencia sobre la “eliminación de toxinas en las dietas detox”?
No hay bibliografía que respalde de buena manera la idea de que las dietas detox logren eliminar toxinas de forma más eficiente que el funcionamiento natural del cuerpo. De hecho, varios análisis coinciden en que no existe evidencia suficiente de que estas prácticas tengan beneficios reales sostenidos en el tiempo.
Tampoco hay pruebas de que mejoren el funcionamiento del hígado o los riñones, órganos que son presentados como los principales beneficiados por estas dietas. Lo que sí se ha observado en algunos casos es una pérdida de peso inicial, que en gran parte corresponde a pérdida de agua y masa muscular, y no de grasa corporal (2).
¿Y qué pasa con los posibles efectos negativos?
Aunque puedan parecer inofensivas, las dietas detox pueden tener varios efectos secundarios si se prolongan o se hacen con frecuencia:
- Pérdida de masa muscular debido a la baja ingesta de proteínas.
- Déficit de hierro, vitamina B12 y ácidos grasos esenciales.
- Desregulación del metabolismo por una baja ingesta calórica sostenida.
- Mareos, debilidad, fatiga y dolor de cabeza.
Además, estas dietas pueden reforzar la idea de que necesitamos “castigarnos” o “compensar” después de comer en exceso, perpetuando una relación poco saludable con la comida (4).
¿Cuáles son las dietas detox más comunes?
Para ver mejor por qué llaman tanto la atención y, a la vez, por qué no siempre son la mejor opción, vale la pena revisar algunos ejemplos:
- Dieta del jugo verde: Se basa en un consumo exclusivo de jugos hechos con vegetales de hoja verde, frutas y agua. Baja en calorías, alta en azúcar natural.
- Limpieza con limón y cayena: Incluye agua con jugo de limón, pimienta cayena y jarabe de arce. Se utiliza como único alimento durante varios días.
- Monodietas de frutas: Consumo exclusivo de una sola fruta durante días (como la dieta de la piña).
- Té y suplementos detox: Prometen ayudar al “hígado” o “limpiar los intestinos”, pero no cuentan con evidencia que respalde sus afirmaciones y algunos pueden tener efectos laxantes.
¿Entonces, qué sí funciona?
Lo que ha demostrado tener efectos reales en salud, energía y composición corporal es llevar una alimentación balanceada y sostenible a lo largo del tiempo. Incluir frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, grasas saludables y fuentes de proteína de calidad es la mejor estrategia para “depurar” naturalmente al cuerpo: porque lo estás nutriendo, no castigando.
Mantener buenos hábitos como el ejercicio físico, dormir bien y beber agua suficiente también es parte del proceso. Más que “limpiar”, la idea debería ser “nutrir y apoyar” a nuestros sistemas naturales de desintoxicación (5).
Mynu y tu camino hacia una Alimentación consciente
En Mynu, creemos que no necesitas pasar hambre ni someterte a dietas extremas para cuidar tu cuerpo. Nuestra inteligencia artificial, Numy, puede ayudarte a ordenar tu alimentación de manera realista y balanceada, considerando tus preferencias, objetivos y genética. Así puedes evitar caer en soluciones mágicas y construir una relación saludable y sostenible con la comida, sin necesidad de “desintoxicarte” cada cierto tiempo.
Conclusión
Las dietas detox, a pesar de su popularidad, tienen más de mito que de ciencia. No solo son innecesarias para la mayoría de las personas, sino que además pueden ser contraproducentes si se mantienen o se realizan muy seguidas. La mejor “detox” es cuidar tu cuerpo día a día con una alimentación equilibrada, variada y adaptada a tus necesidades. Si buscas apoyo profesional y personalizado, Mynu está aquí para ayudarte a tomar decisiones informadas y sostenibles para tu salud.
Referencias
- McLoughlin, P., & Keane, M. P. (2011). Physiological and Pathological Angiogenesis in the Adult Pulmonary Circulation. Comprehensive Physiology, 1473-1508. https://doi.org/10.1002/cphy.c100034
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Klein, A. V., & Kiat, H. (2014). Detox diets for toxin elimination and weight management: a critical review of the evidence. Journal Of Human Nutrition And Dietetics, 28(6), 675-686. https://doi.org/10.1111/jhn.12286
- Obert, J., Pearlman, M., Obert, L. et al. Popular Weight Loss Strategies: a Review of Four Weight Loss Techniques. Curr Gastroenterol Rep 19, 61 (2017). https://doi.org/10.1007/s11894-017-0603-8
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Yanovski, S. Z., Billington, C. J., Epstein, L. H., Goodwin, N. J., Hill, J. O., Pi-Sunyer, F. X., Rolls, B. J., Stern, J. S., Wadden, T. A., Weinsier, R. L., Wilson, G. T., Wing, R. R., Van Hubbard, S., Hoofnagle, J. H., Everhart, J., & Harrison, B. (2000). Dieting and the Development of Eating Disorders in Overweight and Obese Adults. Archives Of Internal Medicine, 160(17), 2581. https://doi.org/10.1001/archinte.160.17.2581
- Vilarnau, C., Stracker, D.M., Funtikov, A. et al. Worldwide adherence to Mediterranean Diet between 1960 and 2011. Eur J Clin Nutr 72 (Suppl 1), 83–91 (2019). https://doi.org/10.1038/s41430-018-0313-9















